Pudo ser, tanto el primer día, como el ultimo
Pudo ser, mi primer real beso
Pudo ser, la razón por la que volví a esta vida
Pudo ser, las alas que necesitaba para emprender mi vuelo
Pudo ser, como el sol brillando en el invierno
Pudo ser, un amor que durara la vida entera
Pudo ser, tantas cosas. Pero... no lo fue.
Y de repente el Universo parecía haber dejado de moverse en aquella sala.
Sucedieron tantas cosas: yo vi tus lágrimas. Vi las lágrimas de tu dulce pena,cuando aquel día miraste por la ventana.
Tú perdiste la voz. Tu rostro sonriente se tornó serio. Tus ojos se llenaron de tímidas lágrimas, que temblaban en la punta de las pestañas, como si quisieran disculparse por estar ahí sin haber sido invitadas.
Ahí también estaba yo, sintiendo un nudo en la garganta, sin saber por qué. Busqué entre el auditorio la razón de tanta pena y no pude saber si era de alegria o de dolor.
La razón no estaban, pero yo tenían los ojos fijos en ti, Orgullosa y pasiente como el silencio, procurando apoyarte con sus miradas, como si las miradas pudiesen apoyar al mundo.
Entonces procuré fijarme en mí, yo pidia socorro, intentando entender lo que estaba pasando, cómo romper aquel silencio que parecía infinito.
Y vi que también llorabas, en silencio, como si fuesen notas de la misma sinfonía, y como si las lágrimas de ambas se tocaran a pesar de la distancia.
Y durante largos segundos, ya no había salón, ni público, ni nada.Eramos tú y yo, nos fuimos a un lugar donde nadie podía seguirlos; todo lo que existía era la alegría de vivir, contada apenas con el silencio y la emoción.
Y ahí me di cuenta de por que llorabas y por que al mirarte yo lo hacia, en ese momento sentí entender más allá del mismo universo más allá de mi propia existencia, entendí el momento en el que estaba viviendo; al mirarme en el reflejo, te vi a ti y a mí y comprendí que éramos una.
Las palabras son lágrimas escritas. Las lágrimas son palabras que necesitan llorar. Sin ellas, ninguna alegría tiene brillo, ninguna tristeza tiene final.
Por lo tanto, gracias por tus lágrimas.
"Por eso, cada persona tiene su manera de curarse cuando le hieren. Bebiendo, cantando, enfadándose, riendo, llorando, viajando con amigos y hablando con ellos, corriendo una maratón… o lo peor, ignorando el dolor. Mi forma de curarme es hacer tartas y galletas por la mañana, como ahora, como cuando mi abuelo murió de repente, como cuando una apasionada relación llegó a su fin… vengo a la cocina y preparo tartas, curándome con el olor del horno, es como oler al sol. ¿Puede haber un tratamiento más dulce que éste?"